¿Debemos los dueños de los perros eliminar con agua los orines de nuestros perros?


Una de las noticias que más lectores tuvieron ayer en este periódico fue la decisión del Ayuntamiento de Almería de imponer la obligación a los dueños de perros de limpiar los pises de sus animales con una mezcla de agua y vinagre. Las multas por no hacerlo pueden llegar a los 750 euros, aunque habrá un plazo de adaptación.

Reconozco que tanto éxito me sorprendió, porque no es una iniciativa novedosa. Para nada. En los últimos años se han ido sucediendo multitud de ordenanzas municipales en este sentido. Palma, Mataró, Alboraya, Benalmádena…

Sería interesante saber cuántas multas ha puesto Mataró en estos dos años. Este tipo de normativas son de difícil gestión a la hora de multar. De hecho hay otras normativas importantísimas, como la obligatoriedad del chip de identificación o la vacuna, que mayoritariamente se incumplen y tampoco se persiguen desde la Administración.

Es este país somos expertos en poner normas que luego quedan en papel mojado o que solo se aplican de Pascuas a Ramos.

La cosa es que ir durante el paseo con una botella (una par de ellas de dos litros si se tiene un perro grande o más de uno) a cuestas para ir regando el asfalto es un tanto ridículo, la verdad. El orín de los perros no transmite enfermedades, se evapora o se lo lleva la lluvia, sin más.

Eso, si los perros lo han hecho dónde deben, claro. Y ahí está el meollo del asunto.

La cuestión es que estas medidas llegan porque los dueños de los perros lo hacemos con frecuencia entre mal y muy mal. No podemos exigir nuestros derechos como dueños de animales si no cumplimos con la parte que nos toca.

No podemos permitir que nuestros perros orinen en cualquier sitio.
Deberíamos impedir siempre que lo hagan en los escalones o laterales de los portales, en los cierres de las tiendas, en los sacos de obras que unos trabajadores tendrán luego que manejar, en los contenedores u otro tipo de mobiliario urbano.

Es comprensible que el señor que tiene que abrir a diario una tienda cuyo cierre está lleno de meados, el que puso un restaurante con una fachada decorada que ha quedado deslucida por los pises o la comunidad que tiene una esquina del mármol del portal hecha unos zorros, estén hasta el gorro y eleven sus quejas. Tienen todo el derecho a que sus propiedades sean respetadas.

Sobre todo con los machos, más dados a ir marcando, es algo que hay que controlar. No pasa nada por regar un poco un árbol o un parterre o por arrimarse a los setos de los parques, pero no todo vale.

Sobra decir que esa actitud es extrapolable a muchos otros aspectos de la tenencia de perros, que ha de ser responsable siempre. Hay que recoger siempre los excrementos, harta estoy de contarlo en este blog. Si la norma o las circunstancias indican que el perro debe ir atado, pues atado. Y si toca bozal, pues ajo y agua.

Respondiendo a la pregunta que planteo. Pues me temo que si la ordenanza municipal lo obliga, no nos queda más remedio que cumplir el mandato de la ley, por mucho que no comulguemos con él.

Pero para evitar que aquellos municipios en los que aún no está así estipulado decidan repetir la jugada, tenemos que ponernos las pilas y tener un comportamiento ejemplar para demostrar a todo el mundo, incluso a los más reacios, que podemos convivir cívicamente todos en sociedad.

Perla es una cruce de mastín de apenas tres años. La rescataron hace dos años.

Por casualidades de la vida (aunque yo creo más en la causalidad que en la casualidad), esta perrita que vagaba por las calles de un pueblo de Jaén, fue a parar a un sitio donde se impartía un curso de Protección Animal”.

Cuando llegó el momento del descanso, se acercó a la gente a pedir comida. Evidentemente le dieron de comer y pasó ese rato rodeada de humanos amables que le daban comida y caricias. No mostró miedo, al contrario, era muy sociable.

Al final, terminó echándose una siesta en el salón de actos donde se daba la conferencia.

Y como era de esperarse, los humanos que organizaron el evento la rescataron. No consiguieron casa de acogida, por lo que tuvieron que llevarla a una residencia. Y aunque han hecho muchos esfuerzos para encontrarle un hogar, nadie se ha interesado en ella, nadie ha querido adoptarla. Lleva ya dos años esperando ese final feliz.

Es muy sociable y cariñosa. Se lleva bien con otros perros y gatos.

Contacto: ageraaproyectohogar@gmail.com y 670959688




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